La Iglesia Católica en busca de la Autofinanciación
Pobres señores, al final tendrán que trabajar o vender el oro.

Ahora se los ocurre pedir que “la colecta” o “el cepillo” se les ingrese en una cuenta corriente, mediante domiciliación.
Parece que tienen miedo que los intermediarios se queden con el botín, o que la gente deje de ir a verles.
Para empezar supongo que darán un justificante para la declaración de Hacienda. Aunque el principal problema es el anonimato. Parece que no se han leido en el Nuevo Testamento (Mt 6,3)
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha.
Lo normal es que algunos (63 en los últimos dos años), hagan su domiciliación y después, para que les vean otros cuantos, financien otro poco en el cesto, que no se dejará de usar.
En este método sólo veo ventajas económicas y esa parece la preocupación principal que tienen actualmente.
El Episcopado “no aconseja el voto a un partido determinado”





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